¿Qué sabemos sobre los cuencos tibetanos? ¿Qué mitos nos llegan? Son ciertos?
¿Cuál es el verdadero valor de estos instrumentos?

Los cuencos tibetanos son unos instrumentos maravillosos, con unas características acústicas extraordinarias que los convierten en idóneos para ser utilizados con finalidades terapéuticas.

Ahora bien, tenemos que saber separar el trigo de la paja, porque alrededor de los cuencos tibetanos se dicen muchas falsedades que pueden distraernos o confundirnos sobre el verdadero valor de estos instrumentos.

Las cualidades sonoras de los cuencos tibetanos vienen dadas por la aleación de sus metales, por el grueso de sus paredes, por la forma y tamaño del cuenco en sí y por la técnica de construcción que se haya usado, ya sea manualmente o con tornos mecánicos.

El valor del cuenco está en su sonido

Los cuencos construidos a máquina se distinguen rápidamente por su perfección en la forma y los acabados, pero no tienen ni mucho menos la riqueza sonora y los matices acústicos que tienen los cuencos hechos manualmente.

Existen diferentes mitos que rodean a los cuencos tibetanos que no son más que estrategias de venta.

Se dice, por ejemplo, que los cuencos tienen una aleación de siete metales. Y esta afirmación es falsa.

Los cuencos tibetanos tienen una aleación de dos metales: cobre y estaño; en una proporción de 78% cobre y 22% estaño. Esta es la proporción con la que se consigue una mejor sonoridad. Algunos cuencos pueden tener zinc también, pero este metal no contribuye a mejorar el sonido, sino más bien a lo contrario, y se utiliza sólo para incidir en el aspecto externo. Es verdad que en el análisis de los metales que componen un cuenco tibetano encontramos otros metales, pero en proporciones de 0,00001%, lo que se considera simplemente residuo, y no componente de la aleación.

Que sólo tengan dos metales, no le da ni le quita valor al cuenco tibetano. El valor del cuenco está en su sonido, y no en los componentes de su aleación. Curiosamente, esta aleación es la misma que se utiliza en la construcción de las campanas occidentales, y es que como he dicho antes, esta proporción de metales es la que consigue una mejor sonoridad, tanto aquí como en el Tíbet.

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